Cuando todavía es posible palpar las emociones e imágenes que nos dejaron las marchas y movilizaciones de este recién pasado 8 de marzo. Resulta necesario y casi ineludible, interrogarnos desde nuestros distintos lugares de acción y compromiso sobre cómo aportamos en la construcción de una sociedad que asegure igualdad de derechos y oportunidades a todas las personas.
En ONG Canales tenemos un fuerte compromiso con potenciar la Educación Técnico Profesional en la zona sur austral de nuestro país y, desde ese rol, no podemos quedar fuera de la reflexión de fondo que nos plantean las movilizaciones del 8M: ¿Elegir la Educación Técnica es una opción libre? ¿Existe la vocación real para estudiar carreras de Educación Técnica?

La Educación Técnico Profesional viene experimentado transformaciones insipientes en nuestro país, promoviendo cambios y revalidándose con diferentes ritmos y grados de concreción. Siendo una de las grandes barreras para el cambio, la valoración inferior o negativa que tiene la educación técnica, en contra posición al imaginario social de que la educación universitaria es la que tiene mayor prestigio.

Hoy sabemos que gran parte de la industria presenta dificultades para integrar a nuevas personas de nivel técnico a los diferentes campos laborales. Las y los trabajadores de nivel técnico aumentan su promedio de edad y reducen su cantidad a una gran velocidad, por lo que es casi obvio preguntarnos sobre por qué tenemos puestos de trabajo técnicos que el mercado laboral no puede cubrir ¿Qué rol tiene la formación técnica de nivel medio?
Dentro de esta reflexión resulta necesario considerar un elemento particular que nace en las conversaciones cotidianas, académicas y laborales ¿Cómo es el lugar de la mujer en la Educación Técnica de nuestro país?

Ante las barreras generales, anteriormente mencionadas, que se presentan en la elección de la educación técnica como opción de desarrollo profesional y personal ¿Existen otras barreras u oportunidades para las mujeres? ¿Las mujeres pueden cubrir la falta de mano de obra en las diferentes industrias? ¿Existe la libertad para que las mujeres puedan elegir un camino laboral de nivel técnico?

Para responder a estas preguntas es necesario invertir tiempo y trabajo. Puesto que comprender cómo operan las desigualdades de género en los distintos niveles de la educación técnica y cómo se articulan con otras exclusiones que caracterizan a esta modalidad educativa, tales como el bajo nivel socioeconómico de su población estudiantil y la falta de prestigio, requiere de conversaciones y comprensiones que trascienden la reflexión que aquí se puede plantear.

No obstante, esta columna pretende ser un gatillador de preguntas que nos permitan conectar con las transformaciones que pueden ocurrir en nuestras mentes, en nuestras relaciones personales y laborales, así como también en los diferentes espacios de Formación Técnica, que permitan revalidarla como una verdadera opción para todos por igual.

Algunos estudios en Latinoamérica dan cuenta de diferentes elementos que dificultan el ingreso o permanencia de la mujer en el área de las carreras técnicas.

En primer lugar, la permanencia de las mujeres en escuelas técnicas está permanentemente amenazada por el ambiente escolar en las carreras masculinas, por lo que se requiere cambios culturales dentro de los establecimientos.

Respecto de la elección de carrera técnica, se ha observado una gran influencia familiar y los estereotipos de género, que derivan en la práctica en una asignación todavía muy rígida de papeles sociales, sobre todo en los estratos socioeconómicos más desfavorecidos.

La identificación imaginaria del trabajo productivo con la masculinidad sigue teniendo presencia en las preferencias vocacionales, pero también se manifiesta en mecanismos de exclusión difíciles de identificar ¿Qué transformaciones podemos acompañar al interior de las empresas?

Las mujeres que participan o desean ser parte del mundo de la Formación Técnica deben enfrentar dificultades tanto simbólicas como materiales. Deben superar barreras para estudiar en cierto tipo de ambientes, asumir tareas que han estado vedadas para ellas y construir valor para participar en un mercado de trabajo dentro del cual el género sigue siendo un mecanismo de exclusión. Por tanto, ante la pregunta sobre la libertad real de elegir una carrera técnica debe movilizarnos para desarrollar conversaciones y estrategias que aporten a esa construcción de sociedad en la que todas las personas podemos elegir nuestras oportunidades.